Las herramientas del aprendiz mason

Estas son las herramientas del aprendiz mason  que debe aprender a utilizar un masón que desea construir una catedral, sin importar el tamaño de las piedras brutas ni su cantidad, o el número de imperfecciones incrustadas en la superficie de la roca ni el tiempo que estas tengan allí. Lo verdaderamente relevante es tener la certeza de que con aprender correctamente el uso del mazo y el cincel se comenzará a labrar una monumental obra de arte. Los masones operativos iniciaban el trabajo identificando la piedra bruta con la cual deseaban empezar la jornada; la llevaban a su taller y allí comenzaban a examinarla cuidadosamente, con mucho detalle y sin importar el tiempo que esta tarea les tomara, ya que saber cuáles son y dónde se encuentran las imperfecciones de la piedra muchas veces representa la tarea más difícil.

En todas las construcciones antiguas usted encontrará que estas rocas, a pesar del paso del tiempo, fueron moldeadas como bloques y carecen de cualquier tipo de deformidades en un trabajo que tiende a ser perfecto, ya que los albañiles sabían que cualquier protuberancia impediría que los cubos moldeados pudieran unirse unos a otros en perfecta armonía. Una vez identificadas las impurezas a través de una minuciosa inspección, comenzaba el trabajo con el mazo.

Aunque se podría pensar que golpear una piedra de tamaño significativo con este instrumento es un trabajo tosco que no necesita mayor preparación, tal apreciación implica caer en un juicio de valor sin fundamento. En realidad es todo lo contrario; cada golpe en la roca debe ser preciso, con la fuerza correcta y en la justa posición del mazo, ya que uno muy fuerte la dañaría irremediablemente y muchos golpes suaves no quitarían las impurezas o tomaría mucho tiempo realizar la labor. Vamos a llevar este proceso alegórico a nuestra vida diaria, a la construcción de nuestro templo interior. Así como los masones tenían un lugar de trabajo para desbastar la piedra bruta usted también debe tener uno, un taller que no necesariamente tiene que constituir un espacio físico.

Me refiero a que debe encontrar desde la conciencia momentos de reflexión y meditación en donde pueda elegir cuál es la piedra bruta que desea moldear y librar de imperfecciones, identificándola y llevándola a un plano consciente en el que pueda verla en toda su extensión. Toda situación de su vida que desee cambiar y mejorar es una piedra bruta. Digamos que usted sabe que tiene problemas con su pareja y alienta la firme intención de que estos desaparezcan, o está estancado con algún proyecto que por alguna razón no puede culminar. Lo primero que debe hacer es identificar y tratar de ver con claridad qué es lo que actualmente le preocupa de ese primer problema, del cual sabe que si logra transformarlo entonces su vida mejorará sustancialmente.

Debo advertirle que en la mayoría de las ocasiones, para que una situación cambie, el proceso debe comenzar por usted. No pretenda utilizar estas herramientas con terceros, ya que hará un gran esfuerzo y muy probablemente no obtendrá ningún resultado; quizás el cambio que tanto anhela en los demás ocurra cuando usted logre modificar eso en lo que con seguridad está pensando en este momento, y su cambio servirá como ejemplo inspirador a otros. Si de momento le vienen a la mente diversas situaciones que le gustaría moldear, vamos por buen camino. Sin embargo este trabajo no debe tomarse con premura, es necesario ir desarrollando con cada piedra que moldeemos la pericia necesaria para dominar el real arte. Hoy usted es un aprendiz de albañil que a medida que comience a utilizar el mazo irá desarrollando la destreza que lo convertirá en maestro constructor de su propio templo.